| RECURSOS HUMANOS / Julio 2010 |
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Cese de la actividad profesional
Preparación para la Jubilación
por Gerardo Hernández Rodríguez, Doctor en CC. PP. y Sociología y Graduado Social. Profesor Titular de Sociología. Universidad de La Coruña
Una de las consecuencias del envejecimiento en el ámbito laboral es la jubilación. Se trata de una nueva etapa de la vida para la que muchas personas no están adecuadamente preparadas y esa falta de preparación y, en su caso, adaptación, tiene repercusiones no deseadas ni deseables en la salud física y mental de los trabajadores y en su vida y relaciones sociales y familiares. De cuanto antecede y se aborda en este artículo, se deduce la conveniencia de enfrentarse a este proceso de una forma integral.
Desde el punto de vista social y profesional, la jubilación es la situación a la que pueden acceder las personas que, atendida la circunstancia de la edad, cesaron voluntaria o forzosamente en su trabajo profesional por cuenta ajena o por cuenta propia; es el término del desempeño de tareas laborales remuneradas, a causa de la edad. Cada país establece el momento cronológico de la vida en que se produce la jubilación. Como norma social, se considera que una persona se debe jubilar una vez alcanzados los 60–65 años, según el tipo de trabajo que estaba realizando.
En este momento debemos estar alerta para intervenir en todos aquellos aspectos que estén a nuestro alcance con objeto de evitar crisis, depresiones, estrés y situaciones de tristeza, de soledad y, en general, de abandono.
Nueva perspectiva vital
La jubilación supone, de forma automática, una disminución de los ingresos y un aumento del aislamiento social; pérdidas económicas y pérdida de status. La jubilación, de hecho, implica la interrupción de la vida laboral, el replanteamiento de la vida familiar, la disponibilidad de más tiempo libre, la necesidad de ocupar el abundante ocio, la reducción (la mayoría de las veces) del poder adquisitivo por ser –generalmente– las pensiones de menor cuantía que los ingresos habituales. Pero también supone la posibilidad de dedicarse a actividades diferentes, de recuperar el tiempo a compartir con el cónyuge y el resto de la familia, la perspectiva de hacer cosas q ue siempre se han querido hacer y para las que antes no se encontraba la oportunidad o el momento, de gestionar adecuadamente el tiempo libre y el ocio, haciendo que éste sea creativo
Frente al vacío social que puede producir en ciertas personas la jubilación, es necesario buscar actividades gratificantes y motivadoras, y que ocupen al menos una parte del día, que ayuden a la persona mayor a superar estados anímicos bajos o depresiones, a sentirse útiles y activos, y que por otra parte sirvan de punto de referencia social, que supongan un vehículo de unión entre sujetos y un medio de unión para integrarse a un grupo social.
Actitudes ante la jubilación
Las actitudes iniciales ante la jubilación son ambivalentes. Muchos trabajadores esperan con ansiedad este momento. La fuerza y la dirección del deseo están relacionadas con la satisfacción que experimentan en su trabajo. Generalmente, cuanto más alto es el nivel educativo y el tipo de trabajo, menos desean jubilarse las personas y es más probable que continúen trabajando después de los 65 años. En cambio, los trabajos físicos, alienantes o tediosos llevan asociado el deseo de una jubilación lo antes posible.
Factores condicionantes de la decisión de jubilación
INSTITUCIONALES :
- – Ciclo económico: Reestructuración de sectores. Posibilidades de empleo
- – Tendencias de legislación social. Cambio en las pensiones
- – Políticas de organización, trato a los trabajadores de mayor edad
- – Puesto de trabajo desempeñado, exigencias y futuro del mismo
- – Actitud social hacia la jubilación
PERSONALES:
- – Estado de salud
- – Motivación e intereses en otras actividades
- – Finanzas personales y posibilidad de otros ingresos
- – Actitud familiar; responsabilidades familiares; existencia de personas dependientes
- – Deseo de cambio o de nueva actividad
- – Satisfacción en el trabajo
ALTERNATIVAS A LA JUBILACIÓN
FLEXIBLE O VOLUNTARIA
- – No discrimina por razón de la edad, respeta el derecho constitucional al trabajo
- – Aprovecha los conocimientos de trabajadores experimentados con beneficios para el individuo y la sociedad
- – Reduce los gastos de la seguridad social si se dilata la jubilación
- – Dificulta la previsión de necesidades financieras para pensiones
- – El sujeto decide el momento. Libertad y autonomía personal
- – Crece la tendencia a retirarse anticipada o tardíamente, según los casos
FORZOSA
- – Todos los individuos son tratados igualmente evitando discrecionalidades
- – Evita pruebas o demostración de aptitudes de los trabajadores y consecuencias negativas para los no aptos
- – Facilita la promoción y empleo de los trabajadores jóvenes, fomenta la solidaridad y evita enfrentamientos intergeneracionales
- – Permite la previsión de necesidades financieras para pensiones
- – El momento se impone al sujeto; obligatoriedad y falta de reconocimiento a la autonomía
- – La obligatoriedad puede presentar efectos negativos
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Estereotipos y mitos
Uno de ellos es considerar a los mayores como carga económica y social. Así debido a las dificultades que se espera que el Estado tenga para poder pagar las pensiones y mantener los compromisos sociales, se piensa en ellos como los culpables de esta futura pérdida del estado de bienestar. Por otro lado las pensiones que reciben son un derecho resultado del esfuerzo realizado a lo largo de años de trabajo.
Otro es pensar que son personas improductivas , identificando así su inactividad laboral con la inactividad en otras áreas de la vida. |
Abuelos “golondrina” y abuelos “canguro”
Una cuestión que aquí importa recordar es la de la rotación de ciertos mayores en las casas de los hijos, haciendo la maleta frecuentemente, con la sensación de sentirse como las aves migratorias, por eso éstos son conocidos como los “abuelos golondrina”.
Pero, en el otro extremo, nos encontramos con los actualmente denominados “abuelos canguro”, especie que va en aumento cada día que pasa. Está claro que los abuelos del siglo XXI han sustituido en el cuidado de los niños a las jóvenes “canguros”, adolescentes que antaño se ocupaban de esta labor para ganarse su primer sueldo.
Por eso, la mayor parte de las personas mayores hoy prefieren vivir independientes, aunque cerca de sus hijos para estar prestos a “echarles una mano” con la rapidez que el caso requiera. Cuando los padres y las madres trabajan fuera del hogar, los abuelos se hacen cargo de los nietos y reviven sus años de paternidad con la aparente ventaja de tener más tiempo para compartir con los pequeños.
Muchas de las personas mayores en la actualidad vienen realizando una labor silenciosa que, frecuentemente, es poco o nada reconocida socialmente. Nos estamos refiriendo a la dedicación de su tiempo al cuidado y atención de otras personas.
En la mayoría de las ocasiones, los destinatarios de esta ayuda son miembros de las propias familias, y no sólo de edades inferiores, sino también de la misma edad y superiores. En otras ocasiones se trata de amistades, vecinos, etc. La realidad es que casi la mitad de las personas con edades iguales o superiores a los sesenta y cinco años realizan esta tarea.
Por otro lado, es menester recordar el soporte familiar y social que supone el que un número cada vez mayor de padres y madres jubilados o prejubilados, que lógicamente han visto reducidos sensiblemente sus ingresos, sigan asumiendo el sostén económico de sus hijos con edades cercanas a los treinta años, que no se han podido emancipar y que ni laboral, ni económica ni familiarmente son todavía independientes y autosuficientes.
Muchos padres, y sobre todo madres, prefieren a los abuelos antes que a un ajeno o una guardería porque son alguien cercano, que socializará al pequeño en su mismo sistema de valores y, además, resulta mucho más económico.
Las ayudas de los abuelos predominan “ocasionalmente, cuando salen los padres”, en tanto que las de las abuelas se dan en el resto de las situaciones (diariamente, mientras trabajan los padres; cuando los niños están enfermos; en vacaciones; diariamente, para llevarles y recogerles del colegio; diariamente, para darles de comer).
En este punto es oportuno recordar que la mayoría de las ayudas las prestan las abuelas maternas, porque las mujeres acuden más a sus madres en busca de esa ayuda. También son los abuelos maternos los que, generalmente, prestan más colaboración. Esto pese a que suele darse la circunstancia de que muchos abuelos y abuelas maternos lo son también paternos.
Hay que destacar por su importancia y por el considerable volumen de trabajo y esfuerzo que ello representa, la respuesta “diariamente, mientras los padres trabajan”. Asumir, después de una larga vida de trabajo y después de haber criado a la propia prole, el cuidado y la responsabilidad de atender diariamente a los nietos, supone una entrega y una generosidad que pocas personas más jóvenes asumirían y, sobre todo, de una manera absolutamente desinteresada y gratuita (Rodríguez, P.1996). En no pocos casos este compromiso, unas veces libre y voluntariamente asumido y otras forzado por las circunstancias, da lugar al conocido como “síndrome de la abuela esclava”.
Y no sólo en el terreno de las ayudas en estas tareas, también los abuelos son frecuentemente compañeros de juegos infantiles con los nietos, cumpliendo con el “espesor histórico” al que se refiere Julián Marías.
Actualidad y funciones familiares.
Se habla ya, de que en determinadas circunstancias en nuestra sociedad actual, no se debe pensar en la familia conyugal como una familia aislada de la parentela, sino más bien como una familia extensa modificada y adaptada a la nueva situación, siendo las bases para la misma: la menor dimensión de la familia, la incorporación de la mujer al trabajo extradoméstico, la desaparición del servicio doméstico, las tasas de paro, la crisis de las pensiones o la mejoría relativa de las superficies de los hogares.
Cuando en el seno familiar se produce algún acontecimiento desestructurador, que deja a sus miembros más indefensos –los niños y las niñas– sin la seguridad y la protección de sus progenitores, es casi siempre la generación anterior la que asume la responsabilidad y ejerce un papel salvífico en ese periodo crítico infantil. Es el caso, por ejemplo, de las “madres y abuelas de la droga”. Estas mujeres, además de atender a sus hijos e hijas en una situación tan dura y de suplirles en su rol como padres o madres van más allá y, transcendiendo el ámbito de lo privado, ejercen una función pública como grupo de presión social, al desenmascarar en actos públicos y manifiestos la hipocresía que rodea el mundo de la droga y su pernicioso círculo. ¿Pueden llevar a cabo funciones como ésta quienes no estén dotados de una gran competencia? (Rodríguez 1994).
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Adaptación a la jubilación
La jubilación es un fenómeno susceptible de provocar o predisponer al surgimiento de estados fisio y/o psicopatológicos , así como repercusiones de notoria relevancia en la mayor parte de los aspectos de la vida. Quizá los dos que impliquen mayor importancia sean, de una parte, la disminución –en muchos casos considerable– del nivel de los ingresos y, de otra, el cambio en el estatus ocupacional . De éstas se derivan otras muchas.
La adaptación a la jubilación es un proceso. Un proceso en el que, en todo caso, hay que tener presente lo que significa acostarse activo y levantarse pasivo |
Un estudio realizado en el año 2006 (AXA 2007) pone de manifiesto que un 38 por 100 de los trabajadores objeto de la muestra asocian la jubilación con la idea de “descanso, paz y calma” y un 4 por 100 con la de “cuidar la familia, los hijos y los nietos”, mientras que, cuando se centran en los ya jubilados, se eleva hasta un 18 por 100 el porcentaje de éstos que llevan a cabo este último cometido. Un año más tarde (AXA 2008) estos porcentajes representan el 34 por 100 y el 7 por 100, respectivamente para la asociación del descanso, la paz y la calma con la jubilación por parte de quienes de quienes se encuentran aún activos, en tanto que el cuidado de familiares, hijos y nietos se eleva hasta el 20 por 100 para los ya jubilados.
Los abuelos acuden en innumerables ocasiones en ayuda de sus hijos, tanto cuando éstos les necesitan por imperativos de su vida profesional, como por satisfacción de compromisos sociales o para poder acudir a diversiones o realizar viajes.
Ahora bien, los hijos que acuden a tal práctica con frecuencia deben de tener presente que los abuelos, en virtud de este sistema que establecen los propios hijos, pueden llegar a considerar, quizá subconscientemente, que tienen más derechos sobre los nietos que los conferidos realmente por los padres. Este es un riesgo que se ha de ponderar, ya que cuando se da el deber, la obligación o la carga, –según cada uno quiera entenderlo–, se está dando, asimismo, el poder y el derecho.
La estrategia de los abuelos ha de consistir en hacerse sentir útiles, queridos, en situación de disponibilidad, pero sin pretender aparecer como indispensables.
Los abuelos, los padres de otros que ya son padres también, han de ser conscientes de este hecho y, sin negar su ayuda y su consejo a los hijos, ser capaces de aceptar que sus hijos ya son mayores, ya son capaces de organizar una familia como ellos hicieron en su día, y capaces de educar a unos hijos como ellos también los educaron. Han de conseguir que los hijos acudan en demanda de consejo, pero que no les rehuyan temiendo sus “lecciones”.
En cualquier caso, nosotros consideramos que los abuelos pueden colaborar en el cuidado y educación de los nietos, pero en la medida de lo posible, de forma voluntaria y ocasional, de manera que puedan mantener también su tiempo libre para desarrollar su propia vida y evitar conflictos relacionados con la educación de los menores.
El papel de los abuelos tiene una importancia extraordinaria, suponiendo un ahorro incalculable para el erario público en el supuesto de que tuviera que pagar estos servicios a profesionales. España debería tomar ejemplo de otras naciones y ofrecer ayudas económicas o más plazas de guardería y otros recursos sociales para que los nietos estén adecuadamente atendidos y los abuelos puedan disfrutar de ellos cuando quieran y puedan, sin verse forzados a ello.
Así mismo deben los mayores gestionar su tiempo libre y de ocio de manera que no se sobrecarguen de más actividades de las que racionalmente, y conforme a sus capacidades y posibilidades puedan realizar, para evitar el riesgo de la saturación por acumulación de tales actividades que también puede llevar a generar tensiones y ansiedad como las que podrían resultar de la situación opuesta la de tener vacío de contenido ese mismo tiempo libre y de ocio.
Preparación para la jubilación
Conforme venimos señalando a lo largo de todo este trabajo y según afirma también Moragas (2007: 59), la jubilación provoca cambios sociales, económicos y familiares en la vida de las personas que llegan al final de su vida activa como trabajadores o pro fesionales. La falta de adaptación a estas transformaciones puede llevar a la pasividad, la soledad, la angustia, el aburrimiento y la carencia de expectativas.
Para saber enfrentarse a esta nueva etapa es necesario mentalizarse y prepararse con suficiente antelación.
En este sentido, la Recomendación nº 40 de la I Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento planteaba que
“Los gobiernos deberán tomar o fomentar medidas para que la transición de la vida activa a la jubilación sea fácil y gradual, y hacer más flexible la edad de derecho a jubilarse. Estas medidas deben incluir cursos de preparación para la jubilación y la disminución del trabajo en los últimos años de la vida profesional”.
El envejecimiento en Europa ha motivado la aprobación de políticas sociales para el mantenimiento de la calidad de vida de las personas que se jubilan. Aunque existan diferencias en las edades de jubilación, que oscilan entre los 55 y los 70 años, según el país, el tipo de trabajo y la modalidad de retiro, hay una tendencia general a la prejubilación antes de las edades legales, lo cual refleja la importancia que dan los agentes sociales a la última etapa de la vida. Y para alcanzar una mejor calidad de vida se han diseñado y organizado, entre otras medidas, los programas de preparación para la jubilación (Moragas 2007: 76–77).
Por lo que se refiere a España, como recuerda Jiménez Herrero (1995), ya en su III Congreso Nacional, celebrado en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid en junio de 1966, la Sociedad Española de Gerontología (hoy S.E.G.G.) organizó una mesa redonda para abordar el tema de la preparación para la jubilación, reseñada en el número 3 del segundo año de la Revista Española de Gerontología (julio de 1967). Es de destacar el interés de los médicos de empresa sobre el tema en aquella ocasión, en el cual tenían obligaciones legales en cuanto a sus funciones en las mismas.
Aunque todavía es exiguo el número de trabajadores que se preparan para la jubilación, han sido puestas en marcha desde entonces diferentes iniciativas para llevar a cabo cursos y programas de preparación para la jubilación ya que se está desarrollando y ampliando la preocupación por facilitar a los trabajadores una adaptación paulatina, con antelación suficiente, al proceso de preparación para la jubilación y a la misma jubilación. Y en esa preocupación van participando, cada vez más, tanto organismos oficiales como entidades privadas y empresas. (Hernández 1995).
Y éste es, evidentemente, un amplio campo en el que los profesionales que trabajan con personas mayores y los responsables de los departamentos de Relaciones Laborales, Recursos Humanos y Dirección de Personal tienen unas posibilidades de actuación prácticamente ilimitadas.
Estos programas tienen dos tipos de destinatarios. Por un lado están los dirigidos a los trabajadores que se preparan o se adaptan para o a la jubilación y, por otro, a los profesionales que trabajan con personas mayores o que han de ser aquellos que dirijan y desarrollen, a su vez, los programas de preparación para futuros jubilados.
Estos programas, a los que es altamente recomendable que asistan también, aparte del trabajador o trabajadora que se va a jubilar, sus cónyuges o parejas, tienen, fundamentalmente, entre sus objetivos: apoyar la transición de la persona hacia una nueva etapa creativa y activa que le proporcione satisfacciones y la mantenga integrada en la sociedad; orientar a hombres y mujeres sobre aquellos temas que puedan serles de mayor interés en esta etapa de la vida (psicológicos, médicos, culturales, económicos, jurídicos, etc.); crear una actitud positiva hacia la nueva situación y animar a mantener e incluso mejorar la identidad personal desarrollada a lo largo de la vida.
Ya son diversas las experiencias puestas en marcha en nuestro país por diferentes entidades tanto públicas como privadas, facilitando a los trabajadores jubilados o en trance de jubilación cursos y programas de adaptación y preparación para la jubilación, como es el caso el de UNIÓN–FENOSA, pionera en España en esta experiencia y que iba ya, en el año 2009, por sus XXIX Jornadas. Sin embargo, cuando en este mismo año la empresa catalana GAS–NATURAL se hizo con el control de UNIÓN–FENOSA, una de las primeras medidas que adoptó fue la supresión de estos cursos, que tan beneficiosos resultados estaban dando para los trabajadores jubilados.
También en España, entre las asociaciones, instituciones y fundaciones que han venido organizando y desarrollando cursos y programas de preparación y adaptación para la jubilación en estos últimos años, merecen ser citadas: Fundación Castroverde, Fundación Pere Tarrés, Confederación Española de Aulas de la Tercera Edad (CEATE), Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), Universidad Politécnica de Madrid, Fundación Patronato Europeo del Mayor y la entidad financiera Caja Madrid, Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), Fundación INTRAS (Investigación y Tratamiento en Salud Mental y Servicios Sociales y CeVe (modalidad a distancia).
Por lo que se refiere a las empresas, y aparte de la ya mencionada UNIÓN–FENOSA, se pueden contar también otras que con una cierta duración, como ENDESA, o en una u otra ocasión, como Banco de España, Canal de Isabel II o RENFE, han impartido estos programas.
Asimismo es de justicia mencionar que diferentes sindicatos y entidades públicas dependientes de las Comunidades Autónomas, las Diputaciones y los Ayuntamientos han puesto en marcha estos recursos para facilitar una transición lo más satisfactoria posible hacia la jubilación.
En relación con este paso y las condiciones en que lo dan los trabajadores españoles, así como el cómo y cuando de su preparación recurrimos de nuevo al estudio de AXA (2008) para constatar como la edad ideal para la jubilación de los españoles todavía activos, es la de los 58 años, mientras que para los ya jubilados lo es la de 61 años. Sin embargo, la edad prevista por los primeros para el cese de su actividad profesional se eleva hasta los 63 años, en tanto que la edad real en la que los jubilados pasaron a esta situación ha sido la de 62 años de edad. Entre los 26 países de los cinco continentes comprendidos en este estudio, de los cuales España es comparada con dieciséis, solo en Suiza los trabajadores se jubilan realmente a la misma edad que los españoles, no siendo superados por ninguno de los naturales de las restantes naciones.
En España un 55 por 100 se jubila antes de la edad legal, haciéndolo un 67 por 100 voluntariamente, por decisión propia. De entre todos estos, el 86 por 100 son mujeres.
El 70 por 100 de los españoles que trabajan aún no ha comenzado a preparar su jubilación, y no tienen previsto hacerlo, al menos, hasta aproximarse a su medio siglo de vida. Es decir, solamente han empezado a hacer previsiones un 30 por 100 frente a un 54 por 100 de la media de la encuesta y un 79 por 100 de los que más lo hacen, los checos y los estadounidenses. También son los que más tarde lo hacen, a los 50 años, sólo superados por los húngaros, a los 52 años, siendo la de 43 años la media de edad del total de la población estudiada.
La falta de previsión contrasta, sin embargo, con la creencia de que el nivel de ingresos, una vez que pasen a la situación de jubilados, será inferior al salario que actualmente están percibiendo y que la Seguridad Social será reformada en los próximos años. Además, mientras que en el año 2006 un 39 por 100 de las personas en activo ahorraban para cuando llegaran a la jubilación, en el año 2007 ese porcentaje se ha reducido hasta el 30 por 100.
Entre las intenciones para el futuro, merece ser destacado el hecho de que un 79 por 100 de los trabajadores piensa que gastará sus ahorros durante su jubilación y un 12 por 100 tiene intención de conservar sus ahorros para dejárselos a sus herederos. Por su parte, los jubilados, que viven la realidad de su situación y del comportamiento de sus familiares, deciden hacer uso para sí de sus recursos económicos un 54 por 100, mientras que se eleva hasta un 34 por 100 el porcentaje de los que deciden guardarlos para sus sucesores, a pesar de que solamente un 43 por 100 considera que sus ingresos como jubilados son suficientes o completamente suficientes.
Fases del proceso de jubilación
La jubilación hay que entenderla como un proceso que comienza antes de la edad oficial de jubilación y que se prolonga bastante después de este momento, que abarca diferentes fases:
Fase de prejubilación : se caracteriza porque la persona que se va a jubilar va tomando conciencia del significado de la jubilación. Durante esta fase se anticipa cómo será la jubilación.
Fase de jubilación : puede llevarnos a tres tipos de vivencias alternativas:
a) La luna de miel, que se caracteriza porque las personas intentan hacer todo lo que desearon hacer y no pudieron en los años anteriores. No todas las personas experimentan este periodo. Algunos que se han preparado y han cultivado algún tipo de actividad previa no pasan por esta fase.
b) La de rutina, que se caracteriza porque se tienen actividades y grupos estables, con lo que únicamente hay que cambiar el tiempo dedicado a estas actividades.
c) La de relax y descanso, que se caracteriza por una reducción temporal de la actividad, de forma opuesta al incremento que se produce en la luna de miel.
Fase de desencanto y depresión : aparece cuando la persona jubilada comprueba que sus expectativas, ideas y fantasías sobre la jubilación no se cumplen.
Fase de reorientación : las personas deprimidas pasan por una fase de reevaluación y elaboran propósitos y proyectos más realistas de su experiencia como jubilados.
Desarrollo de un estilo de vida rutinario posterior a la jubilación : se generan medios para afrontar rutinariamente los cambios producidos como consecuencia de la jubilación. Aquellas personas con una rutina satisfactoria de jubilado son conscientes de sus capacidades y limitaciones, conocen lo que se espera de ellos y tienen asumido su propio rol o papel.
Fase final del proceso de jubilación: para algunas personas, el rol o papel del jubilado es irrelevante debido a que vuelven al trabajo o, más probablemente, debido a una enfermedad o a una incapacidad.
Las relaciones familiares después de la jubilación
La Recomendación nº 25 de la Asamblea Mundial de las Naciones Unidas sobre el envejecimiento establece:
La familia es la unidad básica reconocida por la sociedad, y se deberán desplegar todos los esfuerzos necesarios para apoyarla, protegerla y fortalecerla de acuerdo con el sistema de valores culturales de cada sociedad y atendiendo a las necesidades de sus miembros de edad avanzada. Los Gobiernos deberán promover las políticas sociales que alienten el mantenimiento de la solidaridad familiar entre generaciones, resaltando el apoyo de toda la comunidad a las necesidades de los que prestan cuidados a los ancianos y la aportación de las organizaciones no gubernamentales en el fortalecimiento de la familia como unidad.
Y en la Recomendación nº 29, se establece que:
Deberá alentarse a los gobiernos y los órganos no gubernamentales a que establezcan servicios sociales en apoyo de toda la familia cuando existan personas de edad en el hogar y a que apliquen medidas especialmente destinadas a las familias de bajos ingresos que deseen mantener en el hogar a las personas de edad avanzada.
Estas son las recomendaciones, las conceptuaciones teóricas que darán lugar a las normas escritas que podrán regular formalmente las relaciones y la convivencia en el seno de las familias con personas mayores.
Desde una perspectiva sociológica, nos ha de interesar el día a día de esas relaciones, el cumplimiento de las normas no escritas, para ver cuáles son sus manifestaciones reales y cuáles pueden ser las orientaciones más adecuadas para la convivencia familiar después de la jubilación, y el aprovechamiento positivo del tiempo de ocio. |
Conclusiones
La jubilación significa el final del ejercicio de una vida profesional, pero no el final de la vida misma. Una cosa es dejar de desempeñar un trabajo remunerado y otra muy distinta perder las capacidades para el ejercicio de actividades y ocupaciones gratificantes para la persona y útiles para la sociedad. No se puede incurrir en el despilfarro social que supone la marginación y exclusión de los jubilados.
La Organización Mundial de la Salud establece que salud no es la ausencia de enfermedad, sino el perfecto estado de salud física, psíquica y social. Una jubilación mal asimilada o para la que no haya habido la preparación conveniente, puede suponer un malestar social , del que se derivarán el malestar psíquico y, en su caso, el físico también.
Es fundamental la organización y realización de programas de preparación para la jubilación , a fin de que las personas se adapten convenientemente, sin que ello signifique un trauma, a la etapa nueva de una vida al concluir la larga etapa de productores.
Jubilación no es sinónimo de vejez , como tampoco todas las personas mayores son pobres ni están enfermas. Son múltiples las posibilidades de realización personal y de valoración social de los jubilados ofreciéndoles alternativas realmente atrayentes y útiles y estimulándoles a no caer en el autoabandono. Pero estas alternativas tienen que ser acordes con sus capacidades, expectativas y necesidades. La planificación de las mismas ha de tener en cuenta a los propios interesados. No se trata de programas actividades para los jubilados, sino con los jubilados.
El gran riesgo para los jubilados es identificar la jubilación con la ancianidad y sentirse impulsados a reproducir los comportamientos y el aspecto de quienes, muchos años atrás, eran los jubilados de entonces. Este hecho puede dar lugar a un prematuro envejecimiento psicológico porque interpreten que su papel, el “rol” sin “rol” del que habla Ricardo Moragas (1989), es el de persona envejecida y no acorde con sus capacidades físicas y mentales reales.
Es fundamental que cada uno, apoyándose, –en el caso de que se tenga–, en el cónyuge, se prepare para la jubilación, no identificándola con ancianidad, pero siendo conscientes de que su llegada va a suponer un cambio notable en sus vidas.
Hay que ser capaces de adaptarse a la nueva situación , hacerla creativa, limitar los efectos del cambio y convertirla en algo positivo.
En la planificación de la vida de los jubilados o por parte de los mismos, es menester tener en cuenta también al cónyuge, especialmente si se trata de mujeres dedicadas a las tareas familiares, porque ellas no se jubilan nunca o han experimentado una “jubilación precoz” con la emancipación de los hijos, a fin de que, compartiendo esas tareas y corresponsabilizándose con las mismas, ellas también puedan disponer de tiempo para compartir ambos o para vivirlo individualmente y hacer creativo y satisfactorio el infinito tiempo de ocio que a uno le puede sobrar y faltar al otro.
Es indispensable el mantenimiento de la comunicación entre los distintos miembros de la familia , independientemente de su edad, esforzándose cada uno por conocer y comprender las características y, en su caso, limitaciones propias de los demás, en virtud de su edad, su formación, su procedencia y su situación concreta.
La sociedad en su conjunto, las administraciones públicas, el sector no gubernamental y las familias deberán de poner todos los medios posibles para que la vida de los jubilados, que dada la actual esperanza de vida pueden sobrevivir veinte o más años a su jubilación, no esté vacía de contenido, tenga un sentido y ellos no lleguen a considerarse estorbos o parásitos sociales. Ellos no son deudores de la sociedad, sino acreedores en virtud de cuanto han aportado a esa misma sociedad a través de una larga vida y una dilatada actividad profesional. |