| RECURSOS HUMANOS / Julio 2010 |
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Sociedad:
Tenemos un problema
por José Luis Saludas, Graduado Social
Estamos inmersos en un círculo vicioso que está produciendo una serie de situaciones críticas a la sociedad actual, en todos sus campos, y en principio sin solución a corto plazo. Quiero referirme al campo en el que nuestro colectivo profesional se implica y se compromete, en el campo laboral , aquél en que la persona se desarrolla en más o menos medida durante ocho horas al día pero cuyas consecuencias abarcan las veinticuatro horas diarias.
La Sociedad sabe cómo se conforman las cosas en éste campo, cuáles son las reglas del juego, tanto las legales como las emocionales. Con las primeras, poca tela hay que cortar, pero sí hay que meter mucho la tijera con respecto a las segundas. Con las primeras, estamos sujetos a los designios de los mandatarios, y en cuanto a las segundas, a los designios de trabajadores y patronos, que serán los que escriban la historia
He visto varias etapas de la Sociedad en que han venido mal dadas . Unos las han pasado mejor que otros y otros las han pasado mucho peor que unos, ¿pero saben Vds. una cosa?, que no hemos aprendido nada, ni de los tiempos buenos ni de los malos, así como del desarrollo sostenible , palabra muy utilizada en estos tiempos.
Quisiera entrar, muy de puntillas, para no herir sensibilidades, en aquellos tiempos en que en el trabajo se iba a más de lo meramente laboral. Había otro tipo de relaciones “Humanas”, que invitaban a que llegara pronto la hora de trabajar, donde se hacían amistades, también enemigos, pero estos últimos eran como en la películas del oeste, al final se solucionaban las diferencias cara a cara mientras que ahora se solucionan a puñaladas por la espalda, con alevosía y nocturnidad, pero al final eran las amistades las que sujetaban las estructuras físicas y emocionales, de aquí su importancia.
Esto, como bien sabéis ha cambiado y ha cambiado a peor. El patio no está para bailes, la gente va a trabajar hoy y no sabe si terminará la jornada, está próxima la resolución del ERE, o quizá se resuelvan diez o quince contratos temporales, ¿me tocará o no me tocara?, lo que si está claro, es que no se va llevar la cara risueña a casa ni por un motivo ni por otro.
Está situación, abocada al estado económico de las cosas, las informaciones que bombardean por los cuatro costados a la Sociedad, por parte de agencias internas y externas, produce un malestar general al individuo que lo último que se le ocurre es estar tranquilo y sosegado, por el contrario esta irascible y cabreado.
Como todos sabemos, en esta vida se aprende de todo y de todos, sobre todo de todos, y cuando los “privilegiados trabajadores” o los que comparten lugar en la cola del desempleo, llegan a casa, al verlos los futuros integrantes de ambos dos colectivos observan el estado de pesadumbre que sus progenitores tienen y se les quita las ganas de todo.
Hoy, el futuro, ejecutivo, operario, transportista, electricista, albañil, taxista, etc., está en su atalaya atisbando todo lo que se mueve a su alrededor, y lo que ve no le gusta nada; los días pasan y la fortuna no llega y los días siguen pasando y se está debilitando el sistema del remplazado, que se produce tarde, y se llega donde no se ha deseado. Este futuro emergente se lo está pensando dos veces antes de iniciar la andadura, este futuro sustento ha visto muchas lágrimas en casa, ha visto esperanzas rotas, y se ha visto privado de medios para satisfacer necesidades.
Estos futuros trabajadores, van a cambiar el mercado de trabajo de arriba abajo, la negociación colectiva se va a endurecer de tal manera que va a costar trabajo el negociar. Todo aquello que adornaba el mercado de trabajo ha desaparecido o a punto de desaparecer, todo va a estar envuelto en una funda de materialismo que va a embrutecer las relaciones laborales, todo va a estar funcionando bajo el epígrafe de la desconfianza.
Los planteamientos a los que hemos llevado han echado por tierra toda aquella parafernalia que envolvía el aparato de las relaciones laborales, desde las relaciones en el taller hasta las negociaciones en baja y alta cumbre, donde hoy era por mí y mañana era por ti, donde el interés mutuo era la resolución del conflicto. Pero claro amigo, el régimen intervencionista que hemos estado aguantando con buena cara en los últimos años ha vaciado los cimientos de la solera que mullía aquellas situaciones de impasse que antecedían al desbloqueo del acuerdo.
Hemos olvidado las reglas de las buenas artes, hemos perdido el tratamiento que podía caracterizar al ver el trato entre dos personas como educadas y respetuosas, hemos perdido tantas cosas que en este momento cuesta trabajo el listarlas, y todo esto es fruto de una gestión fatal, una gestión que no se da cuenta que está crisis no va a ser eterna y que se tendrá que ir tarde o temprano al mercado de trabajo a por trabajadores. Ahora se están sembrando las tormentas que se recogerán mañana.
Hubo alguien, llamado W.K. Kellog, que fue el fundador de la empresa Kellogg Company, sí, la de los cereales. Durante la gran depresión de 1929, fue el primero que puso en marcha la Ley Black que ordenaba la jornada de 30 horas semanales, pero no sólo y exclusivamente se conformó con ello, incrementó en un 12,5% el salario por hora para compensar las pérdidas de las horas que no se trabajaban.
En 1935 declaraba que tras cinco años de jornadas de 6 horas, los costes por unidad de producto se redujeron en un 25% y los costes laborales en un 10%, además los accidentes se redujeron en un 41%, mientras que hubo un incremento de un 39% de trabajadores en su plantilla, todo ello gracias a la introducción de cuatro turnos de 6 horas en lugar de tres turnos de 8 horas, esto supuso pagar sueldos a 300 cabezas de familia más. Tiro el guante por si alguien quiere recogerlo.
Los trabajadores han de saber que son miembros de pleno derecho de la empresa y que no han de ser –como saben que son– ratios, números, productividades, costes y para mayor colmo de males “Heabcow” denominación últimamente muy acuñada. Uno mismo, ha de entender la necesidad que como Director General se tiene de la mano de obra para la creación de bienes de consumo, y al igual que las normas de homologación internacionales, ISOS, AENOR, etc, me obligan a la realización de un mantenimiento de útiles, máquinas y herramientas, por qué no me dedico a sembrar el respeto necesario que los trabajadores precisan como personas que son y que no tengan que utilizar los elementos de presión existentes para defensa de sus intereses. Esto sería un gran ahorro, para la empresa y para la sociedad.
Es la primera vez en mi vida que me gustaría equivocarme, muchas gracias a todos. |